Creme brulee

La placentera sensación de romper una capa de azúcar caramelizado para encontrar una sedosa crema interior es solo una de las numerosas razones que han convertido este postre en una receta clásica.

También conocida como crema catalana o crema quemada, la creme brulee es un postre muy sencillo y elegante que no pierde nunca su capacidad de atracción.

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Consiste en una base de natillas de vainilla y una fina cobertura de caramelo crujiente, una combinación de sabores y texturas perfecta, que además se puede preparar con antelación y caramelizar la superficie en el último momento.

Se puede servir a temperatura ambiente, sola o acompañada. Pero es aconsejable consumirla en un par de días porque no se conserva mucho tiempo.

Ingredientes para 4-6 moldes

  • 250ml de leche
  • 250ml de nata para montar
  • 1 vaina de vainilla
  • 1 cucharada de Maicena
  • 3 huevos
  • 3 yemas de huevo
  • 80g de azúcar extrafino + un poco para espolvorear

Elaboración

  1. Precalentamos el horno a 180ºC, mientras tanto, engrasamos la base y los lados de los moldes. Podemos utilizar unos tipo ramequín.
  2. Ponemos la leche y la nata (menos 2 cucharadas de nata) en una cacerola y añadimos la vaina de vainilla, junto con las semillas raspadas y llevamos a ebullición a fuego lento.
  3. Mezclamos la Maicena con las 2 cucharadas restantes de nata para que se disuelva y la agregamos, removiendo, a la preparación de leche caliente. Llevamos de nuevo a ebullición sin parar de remover y retiramos del fuego.
  4. Batimos los huevos y las yemas en otro bol con el azúcar hasta que la mezcla quede cremosa, pero no espumosa.
  5. Añadimos todo a la mezcla de leche que teníamos caliente, lo mezclamos todo  y lo pasamos por un colador para retirar los grumos y la vaina.
  6. Rellenamos los moldes con la mezcla dejando espacio para la capa de azúcar caramelizado.
  7. Colocamos los moldes en una bandeja de horno alta y añadimos suficiente agua caliente en ella para cubrir, por la parte exterior, dos tercios de la altura de los moldes.
  8. Cubrimos la bandeja con papel de aluminio y horneamos unos 35 minutos, hasta que las natillas queden firmes, pero todavía se tambaleen un poco. Una vez sacadas del horno, dejamos que enfríen y refrigeramos durante dos horas como mínimo.
  9. Aproximadamente una hora antes de servir, calentamos al máximo el gratinador, espolvoreamos con azúcar extrafino la superficie de cada molde y los ponemos en una bandeja bajo el gratinador durante 3 minutos.
  10. El azúcar empezará a burbujear y a caramelizarse, pero hay que estar atentos y evitar que se queme.  Otra posibilidad es caramelizar la cobertura de azúcar con un soplete de cocina. Para ello, sostenemos la llama a unos centímetros del azúcar. Tan pronto como el azúcar burbujee y se dore retiramos la llama.

Se puede sustituir la vainilla por otros ingredientes, por ejemplo la ralladura de un limón o naranja, coco, pasta de pistacho, sirope de arce o canela.

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